Armas biológicas, “aseguran son ciencia ficción”
Global-Mexico.com
En laboratorios militares y como ya es común tener las ventajas de poder sobre otros países, hay científicos que aseguran se está desarrollando la cuarta generación de armas biológicas, diseñando nuevas estrategias de ataques químicos biológicos.
Claire Venter, la esposa de Craig Venter, fundador de la empresa privada que secuenció el genoma humano, apuntaba recientemente una: se puede infectar inicialmente con un virus una población sin levantar sospechas, mantener el virus “dormido” el tiempo deseado y activar su capacidad patógena por la acción de una “señal”. ¿Ciencia ficción?
El siglo XX fue el siglo del átomo. La física se alzó como reina de las ciencias y fuente de toda la tecnología que nos envuelve. Pero también fue la responsable de la bomba atómica y de hidrógeno. Todos los expertos coinciden en que el siglo XXI será el siglo del gen. La reina de las ciencias será la biología molecular. Los beneficios sociales prometidos son muchos, pero la contrapartida no estará ausente: con la biología molecular se crearán nuevas armas biológicas que nunca imaginó la Humanidad.
La guerra biológica es mucho más antigua de lo que la mayoría imagina. Ejemplo: en 1097 los cruzados asediando la ciudad turca de Nicea en Asia Menor catapultaron cabezas humanas. Aparte de amedrentar a las tropas, sabían que los objetos "biodescompuestos" provocaban enfermedades. Durante 2.000 años se utilizaron armas biológicas más o menos rudimentarias.
A raíz del rechazo generalizado que produjo la utilización horrenda de armas químicas durante la Primera Guerra Mundial, en 1925 la convención de Ginebra prohibió el uso de armas químicas y biológicas. Sin embargo, EEUU y la Unión Soviética dejaron bien claro que se reservaban el derecho a utilizarlas en caso de agresión. Reserva que se convirtió sin dilación en programas de desarrollo de armas biológicas.
En 1929 la Unión Soviética ponía a punto las bacterias causantes de la peste, el cólera, la fiebre tifoidea y el carbunco para fines militares. Si la primera generación de bioarmas había consistido en usarlas como los trogloditas habían usado las piedras, en la segunda generación se había conseguido militarizar a los seres más pequeños del planeta: bacterias, virus y toxinas podían cultivarse y almacenarse para su uso. Japón en 1935 creó la tristemente famosa unidad 731 en Manchuria que masacró a más de 3000 prisioneros en experimentos con armas biológicas.
En 1944, durante la Segunda Guerra Mundial, laboratorios militares estadounidenses, canadienses y británicos pusieron a punto miles de bombas con carbunco para ser lanzadas contra Alemania (el llamado programa ‘N’). Por motivos, todavía hoy poco claros, finalmente no se utilizaron.
En 1975 se extendió el acuerdo de Ginebra con “La Convención sobre Armas Biológicas y Toxinas”. Fue firmada por 140 países, y prohibía el desarrollo, producción, almacenamiento y transporte de agentes biológicos con fines militares. En abril y mayo de 1979 se declaró una epidemia en Sverdlovsk, una ciudad universitaria de 1.200.000 habitantes, de la antigua Unión Soviética. Las autoridades soviéticas atribuyeron la situación al consumo de alimentos en mal estado.
Posteriormente se supo la verdad: el responsable de la epidemia había sido el Bacillus antrhracis, la epidemia había sido de carbunco pulmonar. La mayor parte de las víctimas vivían cerca o trabajaban en un laboratorio militar. En 1992, el gobierno de Yeltsin reconoció la conexión entre el desastre y un escape en el laboratorio dedicado al desarrollo de armas biológicas. A pesar de los antibióticos y otras atenciones médicas, 68 personas murieron en aquella ocasión.
Parece que la cepa de Bacillus anthracis estaba manipulada genéticamente para resistir a la acción de los antibióticos. Ahora los científicos militares ya estaban capacitados para modificar organismos por ingeniería genética, haciéndolos más patógenos y resistentes a los tratamientos. Habían puesto a punto las armas biológicas de tercera generación.
A raíz del suceso deSverdlovsk, Los EEUU, que habían destruido sus reservas de armamentos biológicos por considerarlas de poco valor estratégico, retomaron sus investigaciones. El Pentágono financió en los años 80 más de cien proyectos para fabricar nuevos o más virulentos agentes patógenos invulnerables a vacunas y antibióticos. Recientemente, en Agosto de 2001, tras revelaciones del NewYork Times, el Pentágono admitió la existencia de un plan de fabricación de carbunco genéticamente modificado.
Según Ken Alibek, exdirector adjunto del famoso complejo biomilitar ruso Bioprerat (el equivalente a FortDetrik en EEUU) los soviéticos formaron en ingeniería genética a muchos biólogos en Libia, India, Irak, Irán y Cuba. A pesar de la convención de 1975, EEUU y Rusia siguen capitaneando de lejos la carrerabioarmamentística. Muchos expertos opinan que Inglaterra, Francia, Alemania y Canadá siguen manteniendo proyectos de desarrollo de bioarmamentos, que como en los casos de EEUU y Rusia, se encubren como investigaciones para el desarrollo de contramedidas frente a bioagresiones.
Según la Fundación Heritage y la Universidad Nacional de la Defensa en Washington, D. C países como China, Corea del Norte, India, Vietnam, Irán, Libia y Siria; y otros que no firmaron la convención del 75, como Israel, Egipto o Taiwan tienen programas de desarrollo de armas biológicas.
El apunte de C. Venter con el que comenzábamos el artículo no es ciencia ficción. Muchos de nosotros hemos sufrido alguna vez un molesto herpes en los labios, por ejemplo. El responsable es un virus de ARN. Estos virus pueden introducirse en el ADN de nuestras células y permanecen “dormidos” sin provocarnos problemas.
En muchos casos se heredan de padres a hijos sin llegar nunca a producir problemas. Cuando el medio celular sufre condiciones de estrés, como puede ser un aumento de temperatura corporal generalizado, una fiebre, por ejemplo, el virus se activa provocando, en este caso, esas heridas en los labios. Se conoce desde hace mucho tiempo que mediante radiación electromagnética o la acción de diversas sustancias químicas se puede "inducir" actividad a genomasretrovíricos inactivos que portamos en nuestro ADN. Estas pueden ser las "señales" que activen esos retrovirus "dormidos" a los que C. Venter hace referencia. La estrategia es técnicamente posible.
En círculos científicos se comentan otras estrategias de cuarta generación. Algunas perfectamente realizables con la biotecnología actual, como ataques no dirigidos a la población, sino a acabar con los cultivos base de la cadena alimenticia del enemigo, hundiéndolo económicamente. Otras sin ser científicamente descabelladas, adolecen de un enorme número de escollos técnicos de momento, y esperemos que por siempre, insuperables, como las etno-bombas: determinar características genéticas específicas de una población y desarrollar nuevos patógenos capaces de provocar la muerte sólo en los individuos que posean esas características.