Historia de terror en HSBC
Global-México.com
En el diccionario de la Real Academia española: Terror (Del lat. terror, -orris) 1.m. Miedo muy intenso. 2.m Persona o cosa que produce terror.
Historia terrorífica…
He titulado justamente así esta colaboración porque corresponde a una historia de la vida real que ha producido un miedo muy intenso en sus dos protagonistas: el señor precavido y su esposa, la señora cumplida (por ahora oculto su verdadera identidad, pero les informo que será revelada al final de la narración).
Escenario: los tiempos actuales de ineficiencia en servicios bancarios en los que los bancos promueven dar tarjetas de crédito o préstamos de cualquier tipo a quienes no los necesitan o hayan solicitado. Noches o madrugadas en las que suena el teléfono para promover a través de grabaciones servicios bancarios adicionales o para cobrar saldos vencidos de personas a quienes ni siquiera los importunados conocen, ¿le suena familiar? La historia comienza hace muchos, muchos, años cuando el señor precavido decidió abrir una cuenta de cheques a la señora cumplida en un banco, que en la antigüedad se llamó del Atlántico, en una pequeña sucursal de un barrio del Estado de México, conocido como La Herradura.
Por razones que los protagonistas desconocen, un buen día el banco del Atlántico cambió de nombre a Bital y como con su nueva identidad ya era más importante se cambió a un local más grande dentro del mismo pequeño centro comercial del mismo barrio.
Fue entonces cuando la amable gerente de dicha sucursal de Bital le ofreció al señor precavido contratar en renta una caja de seguridad dentro de su nueva bóveda de acero, a prueba de todo menos de sí mismos, como se verá después. La oferta era perfecta y ninguno de los protagonistas tendría que preocuparse del pago de la renta, pues les sería cargado anualmente en su chequera. Por supuesto que al prevenir el riesgo, daño o peligro de ser robados y para guardarse de una posible pérdida de los valores económicos o emocionales que poseían al señor precavido le pareció una magnífica idea contratarla, convirtiendo así a su esposa en una de las primeras usuarias del nuevo servicio, vamos, hasta importante se sentía al llegar con sus dos llaves a guardar o retirar “sus cositas”.
Entra HSBC…
Pasaron algunos años y esta vez Bital se convirtió en HSBC, “vamos a ser todavía más grandes y mejores”, les dijeron a los usuarios de Bital, así que los protagonistas de la historia recibieron sus cambios de chequera, tarjetas de crédito y renovaron el contrato de la caja de seguridad, operación que se realizaría automáticamente con el consabido cargo de renta anual.
Pero llegó el terror…
Todo iba bien hasta que un mal día la señora cumplida llegó a su conocida sucursal HSBC Herradura a sacar unos valiosos aretes heredados que quería lucir en una boda, cuando le van diciendo que la impenetrable bóveda había sido suprimida y todas las cajas de seguridad removidas. ¿Cómo… y por qué no me advirtieron? ¿Dónde quedó mi caja con mis cosas? ¿Y ahora qué voy a hacer?, se preguntó y con el cuestionamiento se inició un penoso peregrinar de dos años hacia destinos institucionales diferentes, acompañado de cambios de gerentes, reposición de cartas solicitantes, muestras de contrato y llaves para abrir la caja, traslados de responsabilidad entre las partes responsables de la desaparición y todo para llegar al principio… la caja no aparece y las nuevas personas que tienen el caso en HSBC no saben dar razón de su destino. Lógicamente, la señora cumplida (que es mi esposa) está desesperada, acude, muestra papeles y llaves, y nada sucede. Por supuesto, cree que ya le robaron sus cosas. Por su parte, el señor precavido (o sea yo) ya perdió la paciencia y acusa de esta manera al banco por su ineficiente proceder y pregunta públicamente a su director general, Luis Peña Kegel: ¿dónde quedó mi caja?
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