Efectos de la falta de capacitación y experiencia de quienes integran los cuerpos policíacos
Glob@l México.- Respecto a la seguridad en nuestro país, debe reconocerse que la delincuencia en México indiscutiblemente se ha especializado y organizado. Delitos como el tráfico de estupefacientes, los homicidios, secuestros y robos principalmente, son realizados por grupos sofisticados que tienen gran conocimiento de lo y él como lo hacen, dividiéndose estratégicamente las tareas; de esta forma delinquen una y otra vez con estrategias, técnicas y tácticas que se repiten, mismas que se refinan cada vez más.
Los grupos delincuenciales ya especializados, que cometen los distintos tipos de delitos han dejado de ser eventos inconexos, debido a que se relacionan dentro de un mismo plan que tiene el crimen como finalidad; así, el tráfico de drogas viene acompañado de la corrupción, la extorsión acompañada de homicidios, incluso en ciertos robos sirven como medio para el lavado de activos. Igualmente se rompe la frontera entre lo legal y lo ilegal, puesto que estos delincuentes logran desarrollar su empresa criminal valiéndose de fachadas supuestamente legales que encubren su actuar.
En este sentido hay que partir para reconocer la magnitud de los efectos producidos por las presencia de Bandas Criminales, así como las células que han quedado como residuo de integrantes de ciertos cárteles ya debilitados, quienes mantienen sus empresas delictivas, en especial el narcotráfico, secuestro y extorsión, conservando su organización y control territorial en infinidad del lugares en el país.
Dentro de las causas que se notan en la situación misma, no se debe de omitir la desprotección en la que se encuentran los jóvenes. Actualmente, siendo escasas las oportunidades laborales, educativas, deportivas y culturales, la población juvenil es vulnerable frente a las organizaciones delictivas, no sólo como víctimas, cuando sufren los efectos de los distintos delitos, sino también como motor, cuando deciden ser parte de la comisión de delitos. La falta de oportunidades para ejercer sus proyectos de vida más allá de los muros del colegio o sus hogares, son factor fundamental en la deformación del tejido social.
Por otra parte, dentro de las causas estructurales que tienen que ver con las autoridades policiales hay que resaltar, en primer lugar, la falta de capacitación y experticia de quienes integran los cuerpos de policía para afrontar las dinámicas de las tan especializadas acciones del crimen hoy en día.
Otra causa estructural en este sentido, es el divorcio que existe entre la ciudadanía y la Policía, en otras palabras; la pérdida de confianza de los primeros hacia los segundos. Y no es sólo por los numerosos casos de corrupción e ineficiencia dentro de los cuerpos policiacos, es también por la falta de instrumentos efectivos de control y evaluación que traen en consecuencia operando deficientes elementos tácticos, técnicos y operativos, incluso afectando con esto las aéreas sensibles de inteligencia.
Finalmente, hay que reconocer que no menos importantes son otras causas que corresponden a uno como a otro ámbito: el deterioro urbano que genera espacios propicios para el delito, una policía ministerial y/o investigadora debilitada que difícilmente investiga y judicializa a los delincuentes, y la fijación, sobre todo de las autoridades, en leer la seguridad sólo desde lo cuantitativo de las cifras, sin tener en cuenta lo cualitativo de las causas, de las características de los delitos y de los efectos que sufren los integrantes de nuestra sociedad.




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