electrocardiograma

Foto: Peterhcharlton / Wikimedia Commons, CC BY 4.0 (recortada)

La consulta que abrió la FDA para diseñar los primeros ensayos con ibogaína pone el foco en el corazón. Estas son las preguntas que los pacientes deberían hacer a cualquier clínica antes de viajar.

CIUDAD DE MÉXICO.- La consulta pública que abrió la FDA para diseñar los primeros ensayos clínicos con ibogaína dejó claro dónde está el principal riesgo de esta sustancia: el corazón. La agencia estadounidense propone dosis iniciales no mayores a 10 miligramos por kilo de peso, grupos pequeños con aumentos escalonados y vigilancia de efectos cardiacos y neurológicos.

Mientras esos estudios arrancan, muchos pacientes de Estados Unidos siguen viajando a México, donde la ibogaína no figura entre las sustancias controladas del artículo 245 de la Ley General de Salud y operan clínicas en Tijuana, Rosarito, Cancún y Cozumel, entre otras ciudades. La calidad de esas clínicas varía mucho, y la diferencia está en el protocolo médico.

Por qué el corazón

La ibogaína bloquea un canal de potasio del corazón conocido como hERG, lo que alarga el intervalo QT del electrocardiograma y puede desencadenar torsades de pointes, una arritmia potencialmente mortal. La literatura médica documenta decenas de muertes relacionadas con la sustancia, la mayoría en lugares sin revisión médica previa ni monitoreo cardiaco.

Datos recientes de varias clínicas, aún sin revisión por pares, indican que el riesgo se concentra en pacientes con dependencia a opioides, en especial al fentanilo o a la metadona.

Lo que una clínica debe pedir antes de la dosis

Una clínica seria debería exigir, antes de cualquier tratamiento:

  • un electrocardiograma de 12 derivaciones, revisado para medir el intervalo QT;
  • análisis de sangre con electrolitos, incluidos potasio y magnesio, y pruebas de función hepática;
  • el historial completo de medicamentos, para detectar fármacos que también alargan el QT o que interactúan con la ibogaína;
  • una revisión de antecedentes cardiacos. Algunas condiciones del corazón deberían ser motivo para no aceptar al paciente.

Lo que debe ocurrir durante el tratamiento

Las guías clínicas que publicó en 2016 la Alianza Global de Terapia con Ibogaína (GITA), que siguen siendo la referencia del sector, piden personal capacitado en soporte vital cardiaco avanzado durante todo el tratamiento y monitoreo cardiaco continuo mientras dura la dosis. También recomiendan administrar magnesio antes del tratamiento, tener servicios de emergencia a no más de 15 minutos y, de preferencia, un hospital de 24 horas a menos de 30 minutos. La supervisión debe continuar hasta que el electrocardiograma vuelva a la normalidad.

Preguntas para la primera llamada

¿Quién del personal tiene certificación en soporte vital cardiaco avanzado y cuántas de esas personas están presentes durante la dosis? ¿Qué monitoreo se usa y por cuánto tiempo? ¿A cuántos minutos está el hospital más cercano? ¿Quién es el director médico y dónde pueden consultarse sus credenciales? ¿Qué pasa si hay un evento cardiaco?

Una guía de seguridad sobre la ibogaína que revisa lo que las clínicas en México publican sobre su protocolo muestra que casi ninguna informa la distancia a un hospital y que varias no dan a conocer los nombres de su personal médico. Una clínica que acepta pacientes sin un electrocardiograma previo ya está diciendo mucho sobre todo lo demás.

Antes de considerar un tratamiento con ibogaína, lo indicado es consultar a un médico que conozca el historial completo del paciente. Para orientación sobre adicciones en México, la Línea de la Vida atiende las 24 horas en el 800 911 2000.

Con información de | FDA y Global Ibogaine Therapy Alliance (guías clínicas, 2016)